El peligro del “modelo Yo Creo”: ¿Gestión comunitaria o municipalidad ausente?

La reciente reparación del puente en Potrero Ybaté por parte de los propios vecinos de 11 de Mayo, Naranjo y Oculto ha sido celebrada como una victoria de la solidaridad y el esfuerzo vecinal. Y lo es. Sin embargo, detrás del festejo comunitario se esconde una realidad alarmante que nos obliga a mirar con lupa el discurso político actual, especialmente el de los sectores que aspiran a gobernar nuestra región.
Ayer nomás, Alberto Silva, referente regional del movimiento Yo Creo, señalaba que este tipo de iniciativas —donde la comunidad se organiza, pone la plata, los materiales y la mano de obra— es el "modelo de trabajo" que pretenden implementar si llegan al gobierno municipal. Si esa es la visión de progreso que nos ofrecen, entonces tenemos que prender las alarmas: estamos comenzando muy mal.
El peligro de normalizar el abandono
Una cosa es aplaudir la resiliencia de un pueblo que se cansa de esperar, y otra muy distinta es elevar esa necesidad a la categoría de política municipal. Cuando el movimiento Yo Creo propone esto como su "modelo", lo que en el fondo está planteando es la paulatina desaparición del gobierno municipal en sus funciones más elementales.
¿Para qué pagamos impuestos? ¿Para qué elegimos un intendente y concejales si, al final del día, los caminos, los puentes y la infraestructura básica van a depender exclusivamente de la billetera y el lomo de los pobladores?
Elevar la autogestión a doctrina de gobierno no es innovación política; es la institucionalización del abandono comunal. Significa abrir la puerta a un sálvese quien pueda donde las comunidades con recursos podrán arreglar sus accesos, mientras que las más vulnerables quedarán condenadas al aislamiento total porque sus autoridades simplemente "desaparecen" de la ecuación.
Votos con memoria
El texto que circuló en las redes de los vecinos de Potrero Ybaté fue clarísimo: recordaron con rabia que las autoridades de turno no hicieron nada mientras ellos arriesgaban la vida en una pasarela rota. Hoy, mientras los candidatos vuelven a las compañías a pedir votos con promesas de cambio, la ciudadanía debe hacer un ejercicio profundo de memoria.
La fuerza del pueblo está en su unión, sí, pero esa unión debe servir para exigir que las instituciones funcionen, no para reemplazarlas mientras los políticos se lavan las manos. Si el modelo de Yo Creo es que el vecino trabaje y el municipio mire desde lejos, San Juan Nepomuceno tiene que recordar que el verdadero rol de un intendente es gestionar los recursos públicos para el bien común, no aplaudir cómo la gente hace el trabajo que a ellos les corresponde.
Votar con responsabilidad implica entender que la solidaridad vecinal es un salvavidas de emergencia, jamás un sustituto comunal.





