Tas Tasss Tasssss
Tas tasss tasssss
Una de las integrantes más conocidas del clan del mandamás de Nepolandia, la célebre Mbykychota, habría decidido emprender una cruzada judicial contra comunicadores que no le rinden pleitesía ni le lustran las botas al poder de turno. La dama, según comentan quienes la conocen, tiene fama de carácter fuerte y de no destacarse precisamente por la paciencia ni el trato amable con los demás.
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Todavía con la herida abierta por la contundente derrota electoral sufrida por su hermano, el popular Mbykychoto, la Mbykychota, en lugar de hacer un examen de conciencia y preguntarse por qué una importante porción del electorado colorado decidió darle la espalda a su familia política, habría optado por denunciar a trabajadores de prensa, invocando supuestos hechos de “violencia de género”.
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Los maliciosos de siempre sostienen que el verdadero dolor no sería solamente el resultado de las urnas, sino la incertidumbre sobre el futuro de ciertos privilegios que florecieron al calor del poder. Incluso recuerdan, con ironía, el famoso episodio del “pollo de oro”, porque en Nepolandia siempre aparece algún quiosco privilegiado dispuesto a proveer milagrosamente lo que haga falta… aun cuando parezca que ni pollos tiene.
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Tal vez la Mbykychota debería promover una nueva figura jurídica: el delito de “violencia urnística” o “violencia de urna”. Porque, a juzgar por el mensaje que dejaron los electores, el problema no estaría en quienes informan o comentan, sino en la dificultad de comprender que, en democracia, las urnas también hablan. Y cuando hablan con contundencia, conviene escucharlas antes que buscar culpables en la prensa.



