Opinión

La piscina del abandono municipal

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La piscina del abandono municipal
Por: Antonio Caballero.

Cada vez que llueve sobre San Juan Nepomuceno, los vecinos de la calle Constitución, detrás del arco sur del Club Atlético Independiente, vuelven a enfrentarse a la misma escena: agua acumulada, calles intransitables, patios inundados y viviendas amenazadas por el avance de una laguna artificial que nadie parece dispuesto a eliminar.

No se trata de una catástrofe natural. Tampoco de una situación inesperada. Es el resultado directo de años de abandono municipal.

Cuando un problema se repite una y otra vez, cuando los vecinos denuncian la situación durante años y cuando las autoridades conocen perfectamente el origen del inconveniente, ya no se puede hablar de casualidad ni de mala suerte. Se llama falta de gestión.

Lo más preocupante es que ni siquiera en tiempos electorales se observa una intención seria de corregir el problema. Mientras candidatos y operadores políticos recorren barrios buscando votos, los pobladores de la calle Constitución siguen conviviendo con una obra pendiente que nunca figura entre las prioridades de la administración municipal.

Y como si la inacción no fuera suficiente, aparecen los defensores incondicionales del poder para intentar minimizar el drama. Con una desfachatez difícil de comprender, algunos comparan la situación con Venecia, como si las familias afectadas debieran sentirse orgullosas de vivir rodeadas de agua estancada. La ironía puede servir para una conversación de café, pero se convierte en una falta de respeto cuando hay personas que ven sus viviendas anegadas después de cada lluvia.

La denuncia de la vecina Reinelda Cardozo es contundente. Existen casas que quedan inundadas cada vez que se registran precipitaciones importantes. No se trata solamente de charcos o dificultades para circular; se trata de familias que ven afectada su calidad de vida por una problemática que pudo haberse solucionado hace tiempo.

Las palabras de Carlos Vera Martínez reflejan el sentimiento de muchos pobladores. Si en plena campaña electoral no existe interés en reparar el problema, la preocupación ciudadana es lógica: una eventual continuidad de la misma administración podría significar otros cinco años de promesas incumplidas y sufrimiento para los vecinos.

La función de una municipalidad no consiste únicamente en organizar actos, inaugurar pequeños trabajos o difundir fotografías en redes sociales. Su obligación principal es resolver los problemas cotidianos de la gente. Y cuando una calle se convierte sistemáticamente en una laguna, la administración tiene la responsabilidad de actuar.

La calle Constitución se ha transformado en un símbolo del abandono municipal. Cada lluvia vuelve a poner en evidencia una realidad que ningún discurso puede ocultar: mientras los vecinos siguen esperando soluciones, el agua continúa llegando puntualmente. Lo único que no llega es la respuesta de quienes fueron elegidos para gobernar.

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