Cuando las urnas dejaron de ser buenas

SAN JUAN NEPOMUCENO. Tras la contundente derrota del intendente municipal Derlis Molinas en las elecciones internas del Partido Colorado, varios integrantes de su entorno familiar y adherentes comenzaron a cuestionar la confiabilidad de las urnas electrónicas, insinuando que los equipos habrían estado preparados para favorecer al candidato vencedor, el médico Amílcar Miño, quien paradójicamente pertenece al mismo movimiento interno, Honor Colorado.
Sin embargo, la memoria suele ser selectiva. Hace apenas cinco años, esas mismas urnas electrónicas llevaron a Derlis Molinas al triunfo tanto en las internas partidarias como en las elecciones municipales. En aquel entonces, ni familiares ni simpatizantes levantaron sospechas sobre el sistema de votación. No hubo denuncias, protestas ni discursos sobre un supuesto fraude tecnológico. Las urnas eran legítimas porque el resultado les favorecía.
Hoy, cuando el veredicto de las urnas fue adverso, aparecen las teorías conspirativas y las acusaciones sin pruebas. La pregunta inevitable es sencilla: ¿las urnas son buenas cuando uno gana y malas cuando pierde?
La realidad política parece ser mucho menos misteriosa. Derlis Molinas perdió las internas, principalmente, por sus propias decisiones. Fue alejando a dirigentes que en su momento trabajaron para llevarlo a la intendencia y terminó gobernando cada vez más aislado. Muchos de quienes caminaron a su lado en la campaña inicial se apartaron decepcionados por la forma en que se administró el municipio.
En su momento, hubo quienes advirtieron que una cosa es ser un hombre trabajador y otra muy distinta tener capacidad para administrar una ciudad. Sin embargo, sus seguidores respondían que era una persona "muy trabajadora", como si esa cualidad, por sí sola, bastara para conducir una institución pública compleja.
Existe una diferencia sustancial entre ambas cosas. Se puede ser un trabajador ejemplar en el campo, talando árboles en el monte o desempeñándose con sacrificio en un aserradero. Pero administrar una ciudad exige planificación, capacidad técnica, liderazgo, visión y habilidad para gestionar recursos humanos y financieros en beneficio de toda la comunidad.

Un campesino resumió la situación con una frase tan sencilla como contundente el día de las internas:"Ser intendente una sola vez ya fue el premio máximo que podía aspirar este señor; lástima que no supo reconocer sus propios límites".
Más allá de la dureza de la expresión, refleja un sentimiento que parece haberse extendido entre sectores importantes del electorado nepomuceno.
También es cierto que un cambio de administración suele significar el fin de determinados privilegios construidos alrededor del poder. Surgen entonces cuestionamientos sobre contrataciones y beneficios que, según denuncias reiteradas en el debate público local, habrían favorecido a personas cercanas al entorno del jefe comunal: desde la provisión de alimentos para programas sociales hasta servicios tercerizados vinculados a la comuna.
No obstante, cualquier eventual irregularidad en la utilización de recursos públicos o en contrataciones municipales debe ser investigada y demostrada con documentos y evidencias concretas por las instituciones competentes. Las sospechas o versiones instaladas en el debate político no sustituyen las pruebas.
Lo que sí parece indiscutible es que las urnas electrónicas no cambiaron. Son las mismas que proclamaron vencedor a Derlis Molinas en el pasado y las mismas que hoy certificaron su derrota frente a Amílcar Miño.
Quizá la explicación más simple sea también la más difícil de aceptar para quienes pierden el poder: no siempre se pierde por culpa del sistema. A veces, simplemente, los ciudadanos deciden pasar la página.



