Zacarías Espínola Verdún y las huellas de una ciudad que comenzaba a crecer
SAN JUAN NEPOMUCENO. Hay ciudades que guardan su historia en los libros y otras que la conservan en sus calles, en los árboles que sobrevivieron al paso del tiempo, en viejos edificios y en aquellos lugares donde alguna vez se reunió todo un pueblo.
San Juan Nepomuceno tiene buena parte de esa memoria dispersa en su paisaje cotidiano. Uno de esos lugares es el viejo tinglado municipal, una construcción que durante décadas fue mucho más que un techo sostenido por grandes estructuras: fue escenario de fiestas, festivales, aniversarios, reuniones sociales, encuentros políticos y acontecimientos que quedaron grabados en la memoria de varias generaciones.
Su historia está ligada a Zacarías Espínola Verdún, quien fue el primer intendente municipal de San Juan Nepomuceno.
Antes de la creación de la Intendencia, la administración comunal estaba en manos de los presidentes de la Junta Municipal. Espínola Verdún llegó al cargo por designación del Poder Ejecutivo durante el gobierno del general Alfredo Stroessner y estuvo al frente de la Municipalidad desde 1982 hasta 1989, cuando cayó el régimen.

Zacarías Espínola Verdún, abogado y docente, primer intendente municipal de San Juan Nepomuceno.
Fue una época en la que la ciudad todavía tenía mucho de pueblo. Las calles, las costumbres y la vida cotidiana eran diferentes. Dentro del propio ejido urbano todavía era habitual que algunos pobladores criaran animales, entre ellos vacas, una costumbre que años después comenzaría a desaparecer a medida que San Juan Nepomuceno adquiría una fisonomía más urbana.
El tinglado que se convirtió en símbolo
Fue en aquellos años, según recuerdan antiguos pobladores, cuando comenzó la construcción del tinglado municipal, probablemente después de 1985.
Al principio era apenas una gran estructura con techo y piso terminado. No había murallas alrededor. El predio estaba delimitado por una sencilla alambrada de púas.
Pero aun sin paredes, aquel espacio comenzó a convertirse rápidamente en el punto de encuentro de la comunidad.
Cuando se organizaban fiestas con cobro de entradas, los organizadores tenían que recurrir a cercados improvisados de tela o bolsas para controlar el acceso. Incluso había personas que se dedicaban al alquiler de aquellos vallados.

El actual aspecto del viejo tinglado municipal de San Juan Nepomuceno que se fue transformando con los años.
La posterior construcción de la muralla perimetral terminó con aquel particular negocio y convirtió al tinglado en un espacio más adecuado para las grandes actividades de la ciudad.
Con el paso de los años, bajo ese techo se escribieron innumerables páginas de la vida social de San Juan Nepomuceno.
Cuando los árboles eran una novedad
Pero el proyecto de ciudad de Espínola Verdún no se limitó a levantar edificios.
Durante su administración se realizó la primera arborización de la ciudad, una iniciativa que también alcanzó las márgenes del arroyo Capiibary, especialmente en las zonas de Remanso Hu y Vera Paso.
Hoy resulta difícil imaginar que plantar árboles en las calles pudiera generar rechazo. Sin embargo, Espínola Verdún recuerda que ocurrió precisamente eso.
La razón era sencilla: muchos pobladores estaban acostumbrados a tener vacas dentro del ejido urbano y los animales terminaban dañando las plantas recién colocadas.
La idea de una ciudad más verde tuvo que abrirse paso entre las costumbres de una comunidad que todavía conservaba muchas características de la vida rural.
En aquellos trabajos, Espínola Verdún recuerda especialmente a Eugenio Paniagua e Ignacio Villalba, entre otros pobladores que colaboraron con las iniciativas de aquella época.
Con los años, aquellos pequeños árboles fueron creciendo junto con la ciudad. Algunos desaparecieron y otros sobrevivieron, pero la arborización quedó como una de las primeras iniciativas destinadas a cambiar el aspecto urbano de San Juan Nepomuceno.
El Mercado Guazú y el viejo matadero
En esa misma etapa fueron construidos los salones comerciales del Mercado Guazú, que hasta hoy continúan funcionando y forman parte de la actividad comercial de la ciudad.
También se levantó un moderno matadero municipal en el barrio San Luis que reemplazó al viejo ubicado en el barrio Sagrado Corazón de Jesús, considerado para aquella época una obra de importancia y posiblemente una de las primeras instalaciones de ese tipo en la zona.
El antiguo tinglado del matadero todavía permanece en pie. El lugar adquirió posteriormente otra función dentro de la infraestructura comunitaria, ya que allí se encuentra parte del sistema de agua potable, incluido un pozo artesiano.
Precisamente, el proyecto de agua potable también comenzó durante la administración de Espínola Verdún, aunque su inauguración se produjo después de que dejara la Intendencia.
El respaldo del Instituto de Desarrollo Municipal
Para comprender cómo se concretaban aquellas obras también es necesario mirar hacia una institución que hoy muchos quizá ya no recuerdan: el Instituto de Desarrollo Municipal (IDM).
Durante aquella época, el organismo cumplía un papel importante en el desarrollo de las municipalidades. Brindaba créditos, asistencia técnica y fiscalización de las obras, acompañando a los gobiernos locales en la ejecución de proyectos de infraestructura.
Ese respaldo permitió que municipios como San Juan Nepomuceno pudieran encarar obras que, para una ciudad en crecimiento, representaban importantes pasos hacia la modernización.
Así, detrás de cada estructura de hormigón, de cada salón comercial y de cada proyecto de infraestructura había también un modelo de asistencia municipal que buscaba acompañar técnicamente a las comunas.

En el 2019 fue homenajeado por los ex alumnos del Colegio Nacional Defensores del Chaco.
El intendente que también fue docente
La figura de Zacarías Espínola Verdún tiene además otra faceta que aparece en los documentos y que merece ser rescatada.
Además de su paso por la administración municipal, incursionó en la educación. Según un documento que forma parte de los antecedentes de su trayectoria, se desempeñó como docente del Liceo y Colegio Nacional Defensores del Chaco.
De esta manera, su vínculo con San Juan Nepomuceno no estuvo limitado a la función pública. También estuvo relacionado con la educación y con aquella generación de jóvenes que pasó por las aulas de la institución.
Los nombres detrás de las obras
Al recordar aquellos años, Espínola Verdún también rescata los nombres de personas que acompañaron diferentes iniciativas. Entre ellos menciona a Eugenio Paniagua e Ignacio Villalba, nombres que forman parte de esa memoria oral que muchas veces permanece fuera de los documentos oficiales, pero que resulta fundamental para reconstruir la historia de una comunidad.
Porque las ciudades no las construyen solamente las autoridades. Las levantan también los vecinos, los trabajadores, los comerciantes, los docentes, los estudiantes y todos aquellos que, de alguna manera, participan de los cambios de su tiempo.
El final de una época
Espínola Verdún dejó la Intendencia después de la caída de Stroessner, en 1989. Posteriormente fue designado como intendente Francisco Divitto, ya fallecido, quien también dejó su propia marca en la historia local.
Divitto es recordado, entre otras cosas, por su preocupación por la higiene de las carnicerías. Exigía a los carniceros el uso de uniformes blancos y mejores condiciones de limpieza en los establecimientos donde se expendía carne.
Después llegarían las elecciones municipales y con ellas una nueva etapa de la vida política de San Juan Nepomuceno.
Pero antes de las campañas, de las urnas y de las disputas electorales que marcarían las siguientes décadas, hubo una ciudad que comenzó lentamente a transformarse.
Un tinglado que primero tuvo solamente techo y piso. Unos árboles que fueron plantados cuando todavía había vacas recorriendo las calles. Un mercado cuyos salones todavía están abiertos. Un viejo matadero que se resiste a desaparecer. Un sistema de agua potable que comenzó a tomar forma. Y una escuela donde, según los documentos, también enseñó quien estuvo al frente de la primera Intendencia.
Son las huellas de una época. Y también son parte de la memoria de San Juan Nepomuceno.
CaazapáAhora inicia con esta historia una serie de publicaciones destinadas a recuperar la memoria de las administraciones municipales y de los hombres y mujeres que, desde distintos lugares, fueron dejando su marca en la construcción de esta ciudad.







