95 años después, el Cañonero Paraguay volvió a escribir su historia en el río

ENCARNACIÓN. Hay barcos que simplemente navegan y hay otros que llevan consigo una parte de la historia de un país. El Cañonero Paraguay pertenece a esta última categoría.
A sus casi 100 años, el viejo buque volvió a ser protagonista de una jornada histórica: por primera vez desde que llegó al Paraguay en 1931, navegó hasta Encarnación, acompañado por el patrullero Capitán Cabral.
Ambas embarcaciones llegaron el sábado 22 de agosto a la Costanera de la capital de Itapúa, después de remontar el río Paraguay, ingresar al Paraná y atravesar la zona de las esclusas de Yacyretá. La travesía formó parte del despliegue de la Armada durante el Mundial de Rally Paraguay 2026. Pero detrás de ese viaje hay una historia que comenzó mucho antes.
Nació pensando en una guerra
El Cañonero Paraguay C-1 fue diseñado por el ingeniero naval paraguayo José Bozzano y construido en Génova, Italia. Fue botado en 1930 y llegó a Asunción el 5 de mayo de 1931, junto con su gemelo, el Cañonero Humaitá.
El país se preparaba entonces para un conflicto que finalmente estallaría con Bolivia. Y cuando comenzó la Guerra del Chaco, el Paraguay encontró en sus ríos su principal vía de comunicación con el frente.
El Cañonero Paraguay dejó de ser simplemente un buque de guerra y se convirtió también en transporte de soldados, armas, municiones, alimentos y otros pertrechos.
Durante la contienda realizó 81 viajes y transportó 51.867 combatientes aguas arriba hasta Puerto Casado. En los viajes de regreso llevaba heridos y prisioneros. En sus bodegas y cubiertas viajaron miles de hombres que partían hacia el Chaco sin saber si volverían.

UNA IMAGEN PARA LA HISTORIA. El Cañonero Paraguay y el Patrullero Capitán Cabral atraviesan la esclusa de navegación de Yacyretá, rumbo a Encarnación. Dos veteranos de la Armada Paraguaya, con más de un siglo de historia entre ambos, superan por primera vez este moderno sistema de navegación en una travesía que culminó con la llegada histórica del Cañonero Paraguay a la capital de Itapúa.
Una máquina de vapor
El Cañonero Paraguay que surcaba aquellos ríos era muy diferente al que hoy llegó a Encarnación. Su corazón mecánico estaba compuesto por dos turbinas de vapor Parsons con engranajes, alimentadas por dos calderas Thornycroft. La planta desarrollaba alrededor de 3.800 HP y podía llevar al buque hasta unos 16-18 nudos.
Era una auténtica máquina industrial flotante. Las calderas quemaban combustible para producir vapor. Ese vapor hacía girar las turbinas y, mediante engranajes reductores, la potencia llegaba a los dos ejes y sus hélices.
Nada de GPS, radar o modernas pantallas de navegación. El comandante dependía de la brújula, las cartas náuticas, los conocimientos de la tripulación y la experiencia de quienes conocían cada curva, banco de arena y peligro del río.
El largo silencio
Pero los años pasaron. El veterano buque terminó quedando fuera de servicio y permaneció 55 años sin navegar.
El 19 de abril de 1968 había dejado de surcar los ríos y recién en 2023 volvió a navegar por sus propios medios, después de un proceso de recuperación realizado por la Armada. Y para que pudiera volver a moverse hubo que hacer algo fundamental: la antigua planta de vapor ya no era utilizada y el buque fue equipado con nuevos motores diésel.
Así, el mismo casco que alguna vez fue impulsado por enormes turbinas Parsons volvió a sentir la vibración de motores modernos. El Cañonero Paraguay dejó de ser solamente una pieza de museo.
Volvió a ser un barco navegando.
Un puente entre dos épocas
También fueron modernizados sus sistemas necesarios para la navegación, permitiéndole operar con tecnología actual sin perder su característica histórica.
El resultado es una combinación curiosa: un casco construido hace casi un siglo, con tecnología de navegación del siglo XXI y una nueva planta propulsora.
Es, en cierta manera, un museo que todavía puede moverse. Y eso explica la emoción que provocó su llegada a Encarnación.
El Capitán Cabral, su compañero de viaje
A su lado navegó otro veterano de la Armada: el Patrullero P-01 Capitán Cabral.
El buque tiene una historia incluso más antigua. Fue construido en Holanda en 1907 como remolcador a vapor con el nombre de Triunfo, adquirido por Paraguay en 1908 e incorporado posteriormente a la Marina de Guerra.
De esta manera, dos embarcaciones con más de un siglo de historia surcaron juntas el Paraná rumbo a Encarnación.
El primer encuentro con Encarnación
Cuando finalmente aparecieron frente a la Costanera, el paisaje fue diferente al que alguna vez conocieron sus tripulantes originales. Ya no transportaban soldados rumbo al Chaco.
Esta vez llevaban cadetes, marinos y una historia entera sobre sus cubiertas. En tierra los esperaban cientos de personas.
Muchos llegaron simplemente para fotografiarlos. Otros hicieron fila para subir a bordo y conocer los compartimentos, las cubiertas y el puente de mando.
El histórico Cañonero Paraguay se convirtió nuevamente en protagonista, pero esta vez no de una guerra, sino de la memoria de un país.
Y quizás ahí esté el verdadero significado de esta travesía.
El Cañonero Paraguay necesitó 95 años para llegar por primera vez a Encarnación.
Nació para la guerra, llevó miles de paraguayos hacia el Chaco, sobrevivió al paso del tiempo, permaneció 55 años en silencio y volvió a recibir el sonido de sus motores en 2023. Ahora, en 2026, aquel viejo guerrero del río llegó al sur del país.
No llegó disparando sus cañones.
Llegó llevando historia. Y por unas horas, Encarnación pudo ver navegar frente a sus costas una parte viva del Paraguay que alguna vez fue.








