Opinión

San Juan Nepomuceno: “periodismo constructivo” o el intento de callar la denuncia

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San Juan Nepomuceno: “periodismo constructivo” o el intento de callar la denuncia
Por: Antonio Caballero

En San Juan Nepomuceno ya se volvió un libreto repetido: cada vez que se publica una denuncia, aparece el reclamo de “periodismo constructivo”. No es casual. Es reacción.

Porque ese pedido no surge cuando hay buenas noticias, ni cuando se destacan logros. Aparece exactamente cuando se tocan intereses, cuando se exponen falencias o, peor aún, cuando se señalan hechos de corrupción.

Y ahí hay que decirlo sin vueltas: no es un reclamo genuino, es un intento de incomodar menos y tapar más.

Denunciar corrupción no daña la imagen de la ciudad. La dañan quienes administran mal, quienes abusan del cargo o quienes creen que el poder es un privilegio y no una responsabilidad. El periodismo solo pone luz donde otros prefieren oscuridad.

En ese contexto, tampoco sorprende quiénes levantan la bandera del “periodismo constructivo”. Son, en muchos casos, incondicionales, familiares o defensores de autoridades cuestionadas, más preocupados por proteger a los suyos que por exigir transparencia.

No les molesta la corrupción. Les molesta que se publique.

Quieren un periodismo que no incomode, que no investigue demasiado, que no insista. Un periodismo que “acompañe”. En otras palabras, no quieren periodismo: quieren silencio o propaganda.

Pero las ciudades no crecen escondiendo sus problemas. San Juan Nepomuceno no va a mejorar porque se maquille la realidad, sino porque se la enfrente. Y eso implica aceptar que hay cosas que están mal y que deben cambiar.

Las calles que se inundan, los servicios deficientes, los reclamos ignorados… nada de eso desaparece porque no se publique. Al contrario, se agrava cuando se calla.

El verdadero periodismo constructivo —si se quiere usar bien el término— no es el que evita conflictos, sino el que expone la verdad, incluso cuando molesta. Porque solo así se genera presión para corregir lo que está mal.

Todo lo demás es disfraz.

Y en San Juan Nepomuceno, ya es hora de dejar de disfrazar el silencio de “periodismo constructivo”.

 

 

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