Ykua Karai: cuando para poner en valor un patrimonio hacen falta los vecinos
El Ykua Karai no es simplemente un manantial. Es parte de la memoria de San Juan Nepomuceno, un sitio cargado de historias, leyendas y recuerdos que forman parte de la identidad de varias generaciones.
Hoy un grupo de ciudadanos pretende ponerlo nuevamente en valor mediante un proyecto cultural que contempla la construcción de una muralla para posteriormente realizar un mural y un mosaico alusivos a la historia del lugar, involucrando a jóvenes y adultos de la comunidad.
La Secretaría Nacional de Cultura ya otorgó un aporte para la mano de obra del artista que tendrá a su cargo el mural. El problema es que el Ykua Karai no tiene una pared adecuada donde realizar la obra.
Y ahí comienza otra historia: la historia de los ciudadanos que tienen que salir a pedir ayuda para conseguir los materiales y pagar la mano de obra necesaria para construir una muralla de apenas 10 metros por 2,5 metros.
La Municipalidad de San Juan Nepomuceno aportó 1.000 ladrillos comunes y cemento. Es un aporte que debe reconocerse, pero también es inevitable hacer una pregunta: ¿eso es todo lo que una comunidad puede esperar de una institución que administra recursos públicos por miles de millones de guaraníes?
No se trata de cuestionar los 1.000 ladrillos. Se trata de dimensionar el aporte frente a las posibilidades de una administración municipal que maneja un presupuesto considerable. En la documentación oficial disponible, la Municipalidad registra recursos y gastos por miles de millones de guaraníes.
Si el proyecto tiene como finalidad recuperar un sitio histórico, mejorar un espacio público, fomentar la participación ciudadana y potenciar un atractivo turístico, ¿no debería existir una política municipal más decidida para acompañar este tipo de iniciativas?
Mientras tanto, los vecinos siguen haciendo lo que muchas veces termina ocurriendo en nuestras comunidades: organizarse, golpear puertas y recurrir a amigos para conseguir aquello que debería ser parte de una visión más amplia de desarrollo local.
No se pide solamente cemento y ladrillos. Se pide entender que la cultura también es inversión, que el turismo comienza muchas veces por valorar lo que tenemos y que un espacio histórico recuperado puede convertirse en un punto de encuentro, de aprendizaje y de generación de movimiento económico.
El Ykua Karai merece una oportunidad.
Y si finalmente la muralla se levanta, el mural se pinta y el mosaico queda instalado, habrá que reconocer que detrás de esa obra no solamente estarán el artista y los materiales. Estarán también los vecinos que decidieron que la historia de San Juan Nepomuceno no puede quedar abandonada.
La pregunta que queda para las autoridades es sencilla: ¿cuánto más puede hacer el Estado municipal por un patrimonio que los propios ciudadanos están tratando de rescatar?








